UNA TARDE DE VERANO

UNA TARDE DE VERANO

Llega el mes de julio y con él, el periodo preferido por los niños y niñas: las vacaciones de verano. ¿Quién no recuerda esta época del año como una de las mejores de nuestras vidas? Por delante, más de dos meses de tiempo libre, piscina, playa, reencuentros familiares, aventuras con amigos, cabañas en el árbol, juegos y diversión. Aunque entramos en un periodo de paréntesis de las obligaciones escolares y se guardan los libros, los cuadernillos, los estuches, esos lápices ya castigados por el sacapuntas, las gomas de borrar menguadas por su uso, las reglas y demás material escolar, no se debe detener ese otro trabajo silencioso y casi invisible de educar en la autonomía personal, civismo y en la convivencia basada en el respeto, la empatía y la igualdad. Cualquier lugar es bueno para trabajar la autonomía personal de los/as niños/as, siendo el ámbito familiar el escenario ideal para enseñar esos otros aprendizajes que contribuyen a que los niños se vayan convirtiendo en personas cada vez más independientes. Involucrar a los/as niños/as en tareas domésticas para que asuman algunas responsabilidades y las integren en su día a día tales como ayudar a cocinar platos sencillos, poner y quitar la mesa, hacer las camas, barrer, poner una lavadora, etc. proporcionará habilidades domésticas que les serán de gran utilidad en el futuro. ¿Y si además trabajamos la convivencia basada en el respeto, la empatía y la igualdad a través de actividades deportivas o de otro tipo? ¿Y si encauzamos su tiempo libre para que realicen actividades lúdicas dirigidas a potenciar sus habilidades y valores y, al mismo tiempo, los alejamos...