Busquemos el lado bueno de las cosas (*)

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Debo confesar que me ha costado omitir en mi reflexión de hoy los dos monotemas: el nacional y el local pero al final lo conseguiré, incluso sin osar citarlos. En tiempos de zozobra la imaginación es más necesaria que nunca como bien lo saben marinos y pilotos que nunca se forjaron en aguas o aires apacibles. Solo al borde del abismo le salen al hombre alas para volar. Así que extraeremos algunas oportunidades de lo que en principio parecen solo tragedias.

La primera la tenemos bien cerca pero es universal: el cambio climático. Ayer mismo nos mostró la televisión unas recreaciones por ordenador de cómo desaparecerán, bajo las aguas de mares templados, ciudades enteras como consecuencia del calentamiento global. No hay duda de que el cambio se está produciendo pero mientras se ponen en marcha las medidas necesarias, saquemos el máximo provecho de esta situación, que no es poco en nuestra tierra: turismo desestacionalizado, hoteles que habrían cerrado y permanecen abiertos, restaurantes y chiringuitos llenos de gente lo que redunda en empleo mantenido fuera de temporada, fortalecimiento de las empresas, goce de vecinos y visitantes, menos tendencia al estado depresivo propio de los meses oscuros…

La segunda me llega por una información casual del otro lado del océano: un padre fuera de sí mata a un entrenador de baloncesto en México por no haber alineado en el equipo a su hija de pocos años. Es un drama terrorífico y atroz pero nos enciende las luces largas con acelerón para poner en marcha lo que ya venimos preparando: una formación adecuada a las familias, padres en este caso sobre todo, con el fin de conminarles a entender el deporte de sus retoños como una actividad lúdico-educativa y no como un acabose. En Pivesport estamos trabajando en ello del brazo del Club de Baloncesto Marbella, del Marbella Paraíso y del Atlético de Marbella. Los padres son el pilar fundamental en la educación y el desarrollo saludable de los hijos y tienden a vomitar sobre ellos todas sus frustraciones. Hay que ayudarles de forma eficaz y permanente porque los hábitos y las inercias tienen una fuerza descomunal.

Y finalmente quiero fijarme en un fenómeno que estos días ha quedado un poco eclipsado por los monotemas pero que no solo sigue ahí sino que a las puertas del invierno boreal se agrava: la diáspora de los que huyen de guerras y hambrunas. La hipocresía y lentitud de quienes han de dar soluciones a la escala que el problema requiere, mirando para otro lado y aplazando una y otra las medidas, supongo que esperando que la muerte de muchos inocentes haga disminuir el tamaño de la tragedia, se está enfrentando con un clamor cada día más solidario de los pueblos. Todos sabemos, o al menos quienes procuramos no incurrir en fatuas demagogias, que la solución no es abrir nuestras casas al primero que llegue sino que la magnitud de esta nueva realidad requiere una estrategia integral e internacional que contemple todos los ángulos del poliedro que no son pocos. Pero sin esta presión ciudadana expresada por todos los cauces los líderes seguirán esperando que el frío y la nieve congelen el asunto.

Cuando nos enfrentemos a un problema o un imprevisto busquemos siempre su lado bueno. Seguro que lo tiene. Es cuestión de imaginación. ¡La imaginación al poder!

(*) Por Luis-Domingo. Emitido hoy por Onda Cero Marbella.

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