Una cueva y tres mujeres

Una cueva y tres mujeres

Lo llamamos la cueva pero bien podríamos llamarlo la mina: oscura, polvorienta, con goteras cuando llueve y en ocasiones también cuando no, con estalactitas y estalagmitas… Es el almacén en el que se recibe, se limpia, se clasifica, se ordena y se da salida a toda la ropa y objetos de todo tipo que nos donan para nuestros rastrillos y tienda. Entran a borbotones como cascadas incontrolables y tras un laborioso proceso salen ordenadamente, bien para su venta en la propia tienda, bien para los rastrillos. También podríamos llamarlo la trastienda porque está justo detrás de esta pero cueva o mina son nombres más descriptivos. En el afán de superación de nuestra Asociación, no en vano llevamos más de 35 años ayudando a los más vulnerables desde niños hasta adultos, al comenzar este curso hemos querido dar un paso más en este caos de bolsas con ropa, zapatos, juguetes y trastos inimaginables sacando espacio de donde no hay para montar una sala de higienización: lavado, planchado y plegado para que nuestros solidarios compradores acumulen más razones para serlo. Esta mejora supone obra y la obra, obreros yendo y viniendo, haciendo ruidos infernales, llenándolo todo de material nuevo o para tirar, y polvo, polvo, mucho polvo. Y ello sin cerrar la tienda ni dejar de recibir, clasificar, reciclar, limpiar, ordenar. Un batallón de infantería no tendría tiempo para ociar si se encargara de ello a plena dedicación, por eso aquí hemos necesitado a la armada invencible: tres mujeres, tres; ellas se lo guisan y ellas se lo comen, sobre el todo el polvo. Sin más remuneración, que no es poca,...